Rosalind franklin: spacex al rescate del sueño marciano

La NASA, tras años de giros inesperados y recortes presupuestarios que pusieron en peligro la misión ExoMars, finalmente ha confirmado lo que muchos esperaban: el rover Rosalind Franklin, dedicado a la búsqueda de rastros de vida pasada en Marte, será lanzado al espacio por SpaceX a bordo de un Falcon Heavy. Un respiro para la ciencia, y un golpe de efecto para la agencia espacial estadounidense.

Un largo camino plagado de contratiempos

Un largo camino plagado de contratiempos

La historia de Rosalind Franklin es, en sí misma, un reflejo de la complejidad de la exploración espacial. Originalmente concebida para 2009, la misión se vio afectada por una sucesión de cambios de lanzadores que rayan en lo kafkiano. Pasó de un Soyuz a un Atlas V y, finalmente, a un Protón ruso, antes de que la invasión de Ucrania truncara definitivamente esta última opción. A todo esto, la administración Trump intentó desmantelar el proyecto, aunque la intervención del Congreso logró salvarlo, aunque con la pérdida de la misión de retorno de muestras —un duro revés para la comunidad científica.

Ahora, con la confirmación de SpaceX, la ventana de lanzamiento se abre a finales de 2028. No es una cuestión de capacidad tecnológica de SpaceX; el Falcon Heavy está listo. La demora se debe a la necesidad de alinear la posición relativa de la Tierra y Marte, una danza orbital que solo se repite cada 26 meses. Además, la ESA ha tenido que asumir la construcción del módulo de aterrizaje, inicialmente responsabilidad de Roscosmos, lo que ha añadido complejidad a la planificación.

Lo que pocos recuerdan es que este lanzamiento marca un hito: será la primera vez que SpaceX envíe una misión directamente a Marte. Aunque el roadster de Elon Musk no lo hizo, este Falcon Heavy se une a la lista de éxitos de la compañía, incluyendo el lanzamiento de la sonda Psyche al asteroide homónimo, el orbitador Europa Clipper a la luna de Júpiter y, en el futuro cercano, el telescopio espacial Nancy Grace Roman y el dron Dragonfly hacia Titán. Un currículum impresionante para un cohete.

Pero la incertidumbre persiste. La sombra de Donald Trump, y sus impredecibles decisiones en materia de presupuesto, planea sobre el proyecto. La posibilidad de otro recorte presupuestario a la NASA es una amenaza constante que mantiene a los científicos con el corazón en un puño. La misión Rosalind Franklin ha sobrevivido a mucho, pero la batalla aún no está ganada.

La fecha de 2028 se presenta, por tanto, como una promesa frágil, un equilibrio precario entre la ambición científica y la volatilidad política. El futuro de la búsqueda de vida en Marte, por ahora, descansa sobre los hombros de SpaceX y la esperanza de que la razón prevalezca en Washington.