Gunn, el caos y la burocracia: un tebeo español que redefine el superhéroe
James Gunn respeta a sus creadores, y yo también. Su visión de los Guardianes de la Galaxia es una muestra de equilibrio que pocos logran. Pero su reciente recomendación en redes sociales me ha dejado con un sabor agridulce: un cómic español que merece atención, y un personaje público que se ha construido a sí mismo como un caramelo brillante, excesivamente consciente de su propia importancia.

El problema real no es el cómic, sino la imagen
En 3DJuegos señalan un tebeo de Alan Moore y Gene Ha, Top 10, que mezcla mitología y rock and roll social. Un trabajo que, a pesar de ser poco conocido, me parece una lectura fascinante. Recuerdo cuando trabajaba en una tienda de cómics y me embargaba comprar estos tesoros de importación. La Liga de los Caballeros Extraordinarios, Tom Strong… por algo se dice que las personas con problemas de adicción no deberían trabajar en bares o casinos. Y aquí reside mi problema con Moore: me gusta casi todo lo que hace, o al menos, lo encuentro interesante. Lost Girl, sin embargo, me desconcierta.
Top 10 es una especie de realismo burocrático aplicado al género de superhéroes. Es una obra que, paradójicamente, convierte la épica en papeleo, turnos de noche y conflictos laborales. No hay dioses salvando universos cada cinco minutos, sino agentes que fichan, rellenan informes y discuten jurisdicciones interdimensionales mientras intentan resolver incidentes absurdamente cotidianos. Se me ocurre, inevitablemente, el gag recurrente de Los Simpson sobre "policías polis", pero llevándolo a un extremo casi filosófico, al rollo de Moore.
La Comisaría 10, con toda la ironía del caso, funciona como un organismo administrativo que intenta mantener el orden en un entorno donde lo imposible es rutina diaria. Neópolis es, en el fondo, una ciudad que funciona exactamente igual que la nuestra, solo que con más capas de absurdo visibles en la superficie. La estructura del drama policial frente a la epopeya heroica es lo que hace que este cómic se destaque. Es imposible no pensar también en el espíritu de Canción Triste de Hill Street, donde el caos urbano se filtraba a través de procedimientos policiales humanos y desgastados. Moore tiene una capacidad tremenda para trabajar con esos escenarios donde lo sobrenatural no interrumpe la rutina, sino que es la rutina. El resultado es una especie de realismo burocrático aplicado a lo imposible.
Los superhéroes no están por encima del sistema, sino atrapados dentro de él, y eso cambia por completo la forma en que entendemos el género. La épica se diluye en formularios, turnos de noche y conflictos laborales que, aunque estén protagonizados por seres con poderes cósmicos, resultan sorprendentemente reconocibles. Y ahí está la genialidad: convertir el mito en tediosa burocracia. Neópolis no es solo un escenario, es un experimento social disfrazado de ciudad. Moore construye un entorno donde la diversidad biológica es absoluta, pero donde las jerarquías siguen siendo brutalmente humanas. La existencia de mutantes, robots conscientes y entidades imposibles no elimina la desigualdad, sino que la reorganiza, repitiendo los errores de nuestra propia experiencia diaria. Porque uno podría imaginar que en un mundo donde los dioses (o semidioses) caminan sobre la tierra, todo sería diferente, ¿verdad? Pues no, tienes que domiciliar el IBI de tu Fortaleza de la Soledad o tu Batcueva igual.
La falacia del heroísmo corporativo es palpable. Los llamados Siete Centinelas funcionan como una parodia evidente de los grandes equipos super heroicos tradicionales, pero también como una crítica directa a la construcción mediática del mito. No son héroes, sino productos cuidadosamente diseñados, sostenidos por una maquinaria corporativa que manipula la percepción pública. El caso de Alan Moore es que, paradójicamente, nos recuerda que, incluso con poderes cósmicos, seguimos sujetos a las leyes de la burocracia. La corrupción no aparece como una anomalía, sino como parte estructural del sistema. No hay una caída del héroe, porque el héroe nunca fue real en términos éticos. Solo existía como construcción narrativa útil para sostener una determinada idea de orden social. Y cuando esa construcción se examina desde dentro, lo que queda no es épica, sino control de daños.
Top 10 es, en esencia, una sátira mordaz del sistema, un espejo deformado de nuestra propia sociedad. Y en ese espejo, los superhéroes se ven como trabajadores, atrapados en una oficina que resulta ser una comisaría interdimensional. James Gunn te recomienda este cómic, y yo también. ¿Y tú qué opinas? ¿Conocías ya Top 10, vas a darle una oportunidad? ¿Te basta con que lo recomiendo para no querer leerlo o para comprarlo inmediatamente?