Ground zero: un survival horror que desafía las reglas del género

El mundo parece un torbellino de tensiones geopolíticas, con EE.UU. en el centro de un conflicto global, China desafiando el statu quo en Taiwán y Rusia, bien, Rusia haciendo lo que mejor sabe hacer. En medio de este caos, me encuentro inmerso en ‘Ground Zero’, un videojuego que, irónicamente, ofrece un escape a la realidad, aunque no precisamente un refugio tranquilo. La coincidencia no escapa a mi ojo crítico, y me obliga a reflexionar sobre la capacidad de la cultura pop para reflejar, o distorsionar, nuestras ansiedades.

Una visita a la zona cero: entre la nostalgia y la experimentación fallida

‘Ground Zero’ comienza como un homenaje a los clásicos Resident Evil, con su estética visual que evoca los primeros años del PlayStation. Sin embargo, rápidamente se desvía, intentando forjar su propia identidad. Los modelos de los personajes y enemigos, sorprendentemente detallados, se ven sombríos por un filtro que les confiere una apariencia anticuada, casi pixelada. Es una estrategia visual intrigante, pero que, en última instancia, resulta inconsistente. Mientras que algunos personajes, especialmente los monstruos, carecen de la definición que se esperaría, otros, aunque decentes, se ven afectados por la misma técnica.

El juego se divide entre secciones donde la fidelidad a los clásicos es evidente y otras donde se adentra en territorios más experimentales. La jugabilidad ofrece la posibilidad de elegir entre controles tipo tanque y controles más modernos, una mecánica ya presente en el género, pero que se ve empañada por la inclusión de planos fijos que dificultan la orientación, contrarrestados por cámaras alejadas que impiden un disparo preciso. La presencia de parrys, una mecánica que en otros juegos de supervivencia se ha convertido en un sello distintivo, aquí se siente forzada, su ventana de activación demasiado ajustada para que sea realmente efectiva.

La mecánica del tiro crítico, que permite infligir un daño mayor al apuntar simultáneamente a un botón, se ve frustrada por la limitada maniobrabilidad de la protagonista y la velocidad de los enemigos. Incluso la mirilla láser, un recurso habitual en el género, parece inútil ante la rapidez con la que se mueven los zombis. No obstante, la sensación de combate a cuchillo y parry, aunque a veces decepcionante, logra generar un cierto nivel de tensión, aunque se vea atenuado por las visuales poco fiables. El inventario reducido, por otro lado, es un auténtico dolor de cabeza, una limitación excesiva que resta valor a la experiencia.

La trama, ambientada en un mundo devastado por un meteorito, se desarrolla a través de escenas cinemáticas que, afortunadamente, cuentan con doblaje en castellano y traducción de los textos. El juego evoca la estructura de zona característica de Resident Evil 4, con múltiples escenarios conectados por un mapa y una progresión lineal, pero con una ambición que supera con creces sus posibilidades. La historia, aunque interesante, se siente a veces desconectada, como si el desarrollo se hubiera quedado a medio camino.

Lo más curioso, y lo que realmente llama la atención, es la premisa inicial: un meteorito borra a Corea del Sur del mapa. Es un detalle que, lejos de ser una simple ornamentación, sugiere una crítica implícita al mundo en el que vivimos, un reflejo distorsionado de las tensiones geopolíticas que nos rodean. Es una narrativa inquietante, que invita a la reflexión, aunque no siempre se desarrolle con la solidez que merece. ‘Ground Zero’ es, en definitiva, un juego que se esfuerza por ser más de lo que es, una ambición que, en muchos casos, resulta contraproducente. Pero, a pesar de sus fallos, ofrece momentos de gran tensión y una colección de escenarios que recuerdan a los grandes éxitos del género. Es un RE no tan clásico, pero que puede resultar intrigante para aquellos que disfrutan de los survival horror con toques retro.

Conclusión: un esfuerzo con potencial desaprovechado

Conclusión: un esfuerzo con potencial desaprovechado

‘Ground Zero’ no es un mal juego. Su premisa es original y su ambientación es atractiva. Pero, en el momento en que se aventura a romper con las convenciones del género, muestra sus limitaciones. No me he encariñado con sus mecánicas ni con su gestión del inventario, pero sí he apreciado sus niveles y la forma en la que intenta homenajear a los clásicos. Es un juego que, a pesar de sus errores, merece la pena probar, especialmente para aquellos que buscan una experiencia nostálgica y desafiante. Un intento valiente, aunque a veces torpe, de reinventar el survival horror.