Deadpool desata una batalla legal: ¿quién es el dueño del baile?
La saga de Deadpool & Wolverine no solo está rompiendo taquillas, sino que también ha abierto un frente legal inesperado. Lo que comenzó como un guiño nostálgico a los 90, un baile icónico de NSYNC, ahora amenaza con desangrar las arcas de Sony Music y Marvel.

El coreógrafo que reclama su autoría
Darrin Henson, el cerebro detrás de la coreografía de “Bye Bye Bye”, el temazo de NSYNC que marcó una generación, ha presentado una demanda contra Sony Music Holdings. Henson alega que Sony, de forma cuestionable, cedió los derechos de su creación a Marvel y, por extensión, a la película protagonizada por Ryan Reynolds. La cifra es impactante: Henson busca una compensación que cubra todos los beneficios generados por el uso de su baile, un movimiento que trascendió la música y se coló en la gran pantalla.
Lo que nadie cuenta es la complejidad de los derechos de autor en la era digital. Henson argumenta que su trabajo ha sido descontextualizado, disociado de su origen y atribuido únicamente a los personajes de la película, dejándolo fuera del reconocimiento y la compensación que, a su juicio, le corresponden. El caso pone de manifiesto la fina línea que separa la inspiración del plagio, y el riesgo que supone licenciar coreografías icónicas sin una autorización explícita.
Y no solo eso. Epic Games, el gigante del videojuego, ya introdujo un emote inspirado en el baile de NSYNC en Fortnite en septiembre de 2024, aunque su permanencia en la tienda fue efímera. La demanda, en curso, hace improbable un regreso, pero el incidente subraya la vulnerabilidad de la propiedad intelectual en un entorno donde los memes y los bailes virales se propagan a la velocidad de la luz.
La película, que ya se perfilaba como un éxito de taquilla, se enfrenta ahora a un imprevisto legal que podría generar un efecto dominó en la industria del Entretenimiento. La historia de Henson es un recordatorio de que, detrás de cada emote viral o secuencia memorable, hay un creador con derechos y una expectativa legítima de reconocimiento y compensación.
Marvel ni Epic Games son demandados directamente, pero la situación obliga a reflexionar sobre la necesidad de proteger la creatividad y asegurar que los artistas reciban una justa retribución por su trabajo. La batalla legal apenas ha comenzado, pero ya ha puesto en entredicho la ética y la legalidad de la reutilización de obras coreográficas en el cine y los videojuegos. La pregunta no es si Henson ganará la demanda, sino si este caso servirá para establecer un precedente que proteja a los coreógrafos y a todos los creadores en la era digital.
