Bethesda, bajo presión: ¿un salto al vacío para skyrim y fallout?

Tras quince años de Skyrim y once de Fallout 4, la industria del gaming se encuentra en un estado de crisis y Bethesda, ahora bajo el paraguas de Xbox Game Studios, se enfrenta a una exigencia sin precedentes. La nueva directiva de Microsoft parece apuntar a acelerar el desarrollo de las secuelas de sus dos pilares, lo que Bruce Nesmith, veterano del estudio, considera un error fatal.

La receta para el desastre: una avalancha de proyectos

El cambio generacional, el ecuador de la actual consola y una profunda crisis en la industria, han dejado a Bethesda en una posición delicada. La llegada de Xbox Game Studios, lejos de ser una salvación, podría convertirse en una carga. La especulación apunta a que Microsoft busca forzar el cumplimiento de un calendario agresivo, priorizando The Elder Scrolls VI, el único título confirmado en el horizonte, tras ocho años de un primer adelanto que Howard, lógicamente, se muestra reacio a recordar.

Pero la presión no solo viene de arriba. Rumores apuntan a que Xbox planea “meter prisa” a Bethesda, obligando a compartir recursos y tiempo entre ambos RPGs, algo que Nesmith considera una receta para el caos. “Solo puedes tensar dos de los tres elementos: recursos, tiempo y calidad,” sentencia el diseñador jefe de Skyrim, subrayando que cualquier intento de maximizar la producción podría generar fricción y, en última instancia, comprometer la calidad final de los juegos.

El fantasma de la delegación: ¿un socio externo?

El fantasma de la delegación: ¿un socio externo?

La preocupación de Nesmith va más allá de la gestión interna. El veterano del estudio advierte sobre la posibilidad de que Bethesda recurra a un socio externo para el desarrollo de Fallout 5, una medida que, según él, sería un error imperdonable. “Si el estudio correcto está disponible, es una gran solución. Pero no puedes simplemente dárselo a cualquiera,” afirma, recordando que la cadencia de lanzamientos de Bethesda, que ya es acusada de generar una fatiga en los usuarios, se vería exacerbada por esta estrategia. La idea de retrasos de cinco años entre lanzamientos, como se ha rumoreado, es insostenible.

El término medio, según Nesmith, es un juego nuevo cada tres años. Sin embargo, la extensión del desarrollo de ambos proyectos, debido a la falta de lanzamientos, podría ser contraproducente. Un plazo de 36 meses, un tiempo que Nesmith consideró adecuado tras el éxito de Morrowind y Oblivion, representa un punto de equilibrio. “Tres años se sintió como la cantidad correcta de tiempo para cumplir con las expectativas de los jugadores,” recuerda, aunque el lapso entre Fallout 3 y Skyrim superó los tres años.

La escalada de precios en las consolas de Xbox, con una nueva Series X que se torna aún más cara, añade otra capa de complejidad a este panorama. El debate, lejos de limitarse a Bethesda, refleja una tendencia preocupante: los ciclos de desarrollo de los estudios AAA se han alargado de forma alarmante. Naughty Dog, por ejemplo, tardó más de cinco años en lanzar su último título original, mientras que la serie de Amazon basada en Fallout ha demostrado que el interés del público puede ser un poderoso catalizador. La rápida ejecución de un “sucesor de Dead Space” por parte de un equipo externo, como se ha visto recientemente, es un ejemplo de lo que podría estar en el horizonte.

Pero el problema no reside solo en la velocidad. La fatiga del usuario, una consecuencia inevitable de la falta de innovación y la repetición de fórmulas, amenaza con erosionar la base de fans de Bethesda. Un lanzamiento apresurado, y posiblemente de menor calidad, podría ser el golpe de gracia al legado del estudio.

La realidad es que Bethesda necesita respirar. La ambición, sin duda, es un motor importante, pero la calidad y la sostenibilidad deben ser las prioridades. Y, por el momento, esa ecuación parece terriblemente desequilibrada.