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Industry y succession: ¿dónde se esconde la complejidad en la ficción moderna?

La última temporada de Industry me ha dejado una sensación agridulce. Recordé, inevitablemente, las últimas entregas de Succession. Una comparación quizás pedante, pero que revela una tendencia inquietante en la televisión actual: la dificultad de mantener la complejidad narrativa.

¿Se ha perdido la sutileza en la ficción?

¿Se ha perdido la sutileza en la ficción?

¿Qué hace que una serie realmente nos enganche? No es solo la trama, sino la capacidad de generar preguntas sin ofrecer respuestas fáciles. Series como The Wire, por ejemplo, lograban una profundidad asombrosa sin necesidad de artificios. Personajes complejos, una trama intrincada, pero contada con una fluidez que te mantenía atrapado. David Simon, su creador, incluso animó a los guionistas a escribir “como Shakespeare”. Una declaración audaz que, hoy en día, parece casi una utopía.

Pero hay un detalle. las últimas temporadas de Industry, y muchas otras series, parecen optar por la impostura. Se esfuerzan por parecer profundas, pero la complejidad se reduce a conversaciones ambiguas y a una banda sonora que intenta, sin éxito, transmitir lo que la narrativa debería mostrar.

Recuerdo cuando las primeras temporadas de estas series ofrecían un terreno fértil para la reflexión. Los guionistas construían una dirección con cuidado, dejando pistas sutiles, permitiendo al espectador adulto conectar los puntos. Ahora, a menudo, se nos “grita” la profundidad. Se nos indica qué pensar, en lugar de permitirnos llegar a esa conclusión por nosotros mismos. Es como vestir un disfraz: al final, se nota la falta de autenticidad.

La música, por ejemplo, se utiliza de manera excesiva para subrayar los pensamientos de los personajes. Un recurso fácil, pero que resta inteligencia a la narrativa. La buena ficción debe confiar en la capacidad del espectador para interpretar, para inferir. Si una serie necesita ser guiada de esa manera, quizás la historia no sea lo suficientemente sólida.

The Wire sigue siendo un referente. Densa, sí, pero con una estructura narrativa impecable. Los personajes se alternan, los giros argumentales son constantes, pero la trama general es fácil de seguir. La profundidad no se impone, sino que emerge de la complejidad de las relaciones y de la cruda realidad que retrata.

Esperemos que la industria televisiva recuerde que la verdadera complejidad reside en la sutileza, en la capacidad de dejar espacio para la interpretación y en el respeto por la inteligencia del espectador. La sobreexplicación, al final, es una señal de debilidad.