Don draper: el misterio resuelto… o no
Jon Hamm, tras años de especulación, ha desvelado su propia versión del final de Mad Men, sugiriendo una redención sorprendente para el icónico Don Draper. Pero, ¿es realmente un cierre o solo una estrategia para mantener vivo el mito?
Un comentario ácido y una esperanza inesperada
El actor, en una conversación con Amy Poehler, comenzó con la clásica frase de un adicto: “Cáncer de pulmón. Quiero decir, seguro”. Una broma, por supuesto, pero que rápidamente dio paso a una interpretación más optimista. Hamm sostiene que Draper, tras una aparente revelación personal y un breve abandono de la publicidad, regresó a su vida profesional con una nueva perspectiva, centrada en su familia.
“Creo que vuelve. Es un ejecutivo publicitario de éxito y creo que encuentra la felicidad y la paz. Creo que conecta con sus hijos.” Las palabras, dichas con una ironía sutil, sugieren un intento de justificar la ambigüedad deliberada del final, un recurso que, al parecer, fue concebido para mantener el personaje en constante debate.

El casting: un infierno surrealista
La entrevista reveló un detalle impactante sobre el proceso de casting. Hamm relata una escena tensa en un bar, rodeado de productores y ejecutivos, mientras su destino pendía de un hilo. “Fuimos a tomar algo y estoy con Matt [Weiner] y Scott Hornbacher, los dos productores, y los tres ejecutivos, sosteniendo mi bebida y pensando: ‘¿Qué… qué es esto? ¿Qué estamos haciendo? ¿Es esto una broma? ¿La broma más elaborada y cruel?’”. La incertidumbre era palpable, una atmósfera de anticipación y, quizás, de cruel burla por parte de los responsables de la serie.
“Y estamos tomando algo y ellos dicen: ‘Brindemos por la serie’. Y yo digo: ‘Sí, brindemos por la serie’. Me bebo la copa, salimos y entramos en el ascensor. Todavía no habían dicho nada. Y una ejecutiva finalmente se gira hacia mí. Me dice: ‘Sabes que tienes el papel, ¿verdad?’. Y yo digo: ‘Dios mío, no, no lo sabía. Esto habría sido mucho más divertido antes, cuando estábamos brindando mientras tomábamos algo’”. La ironía, palpable en cada palabra, ilustra perfectamente la nerviosidad y la falta de certeza que rodeó la decisión final. Una anécdota que revela la fragilidad del éxito, incluso en la televisión.
A pesar de esta interpretación, el final de Mad Men permanece abierto, un enigma que ha alimentado el debate entre los fans durante años. Hamm, sin embargo, ofrece una visión que, aunque optimista, no elimina por completo la ambigüedad. El personaje, en su última aparición, parece haber encontrado un equilibrio, pero la sombra de su pasado, la necesidad de evasión y la incapacidad de conectar plenamente con sus emociones siguen presentes. Un final agridulce, quizás, pero que, al menos, ofrece una explicación desde la fuente.
En definitiva, la revelación de Hamm no resuelve el misterio de Don Draper, sino que lo enmarca de una manera nueva. Un final que, en lugar de ofrecer respuestas, invita a la reflexión sobre la complejidad de la condición humana y la dificultad de escapar del pasado.
