El aeropuerto de schiphol: un reloj humano que desafía el flujo incesante
Schiphol, Ámsterdam, acaba de recibir una instalación que va más allá de la estética: The People’s Clock, un reloj que desafía la lógica del tiempo con la presencia de más de mil voluntarios.
Un homenaje a la maquinaria humana del aeropuerto
El artista Maarten Baas ha creado una pieza que trasciende la función de cronómetro. Este nuevo reloj, basado en su serie Real Time, utiliza a personal de tierra, tripulación y seguridad –un total de 1000 personas– como las propias agujas del tiempo. No se trata de un simple mecanismo; es una representación física del flujo constante de individuos que hacen posible el funcionamiento del aeropuerto más transitado de Europa.
La instalación, ubicada en el lado aire del hall de salidas 1, se compone de cuatro pantallas que proyectan la hora a medida que los voluntarios, filmados en dos turnos de doce horas, realizan sus tareas. El concepto, lejos de ser ornamental, es un reconocimiento a la labor incansable de estas personas, que, afortunadamente, pueden ‘desengancharse’ si lo desean.

Un eco de 2016: baas ya había marcado su huella en schiphol
Si bien Baas ya presentó un reloj en Schiphol en 2016 –este ubicado en el hall de salidas 2, para vuelos no Schengen–, la novedad radica en la escala y la naturaleza de esta nueva obra. El proyecto actual no es solo una pieza visual; es una declaración sobre la intensidad del trabajo detrás de cada vuelo, de cada pasajero. Es una crítica, sutil pero efectiva, a la automatización y a la deshumanización que a menudo acompañan a la eficiencia.
La logística de la operación es notable: se filmaron a los voluntarios a ‘vista de pájaro’ durante doce horas, capturando cada pequeño movimiento, cada paso, cada respiración. La precisión es impecable. La instalación, de 2,5 metros de lado, se erige como un monumento a la humanidad que impulsa el corazón del aeropuerto.
Thijs Wolzak, responsable de la instalación, comenta: “Este reloj es un homenaje a todas las personas que trabajan en Schiphol.” Un gesto valioso en un entorno donde la presión y el ritmo son implacables. Y si bien la experiencia de visitar el reloj de 2016 es recordada, este nuevo proyecto, con su escala y su enfoque en la participación humana, promete ser una experiencia mucho más impactante.